... y los kusillos ¿qué?

por: andrés cuervo

I

Quiero empezar recordando que en inglés, igual que en otros idiomas, se utiliza una palabra –play– para designar dos acciones: actuar y jugar.

Mi participación en la Familia Castañeda 2017 (asesorando la propuesta de dos agrupaciones conformadas por estudiantes y egresados del colegio Javeriano), me permitió entender algo más del carnaval. Por mi perfil de director escénico, pedagogo y gestor cultural, siempre he asumido una postura crítica frente a la responsabilidad escénica y dramatúrgica de las comparsas. Hoy no dejo de creer en esta responsabilidad, fortalecida, además, con los recuerdos de mis carnavales de infancia, en los cuales era evidente el juego escénico y teatral de la mayoría de las propuestas. Quien salía en el desfile, asumía la responsabilidad de jugar. Responsabilidad gratificante, llena de goce.

Actualmente se siente como si este “jugar”, tan importante, se hubiera olvidado, y es por eso que en años recientes los espectadores sólo observaban situaciones incómodas de personas borrachas (no ebrias, porque la embriaguez puede concernir a la misma naturaleza del juego), vestidas con “disfraces”, haciendo nada, o sea, caminando, saludando, bebiendo y limitándose a gritar reiteradamente “que viva Pasto carajo”. De esta situación excluyo al Colectivo Teatral de Pasto, pues en todo momento ha querido promover esta responsabilidad de asumir el Juego (que para nada consiste en la repetición mecánica y consecutiva de movimientos preestablecidos). Con esfuerzo y cariño, hemos participado durante muchos años, cada vez con mayores limitaciones porque Corpocarnaval (el ente en cuyas manos quedó la responsabilidad de salvaguardar y fortalecer este Patrimonio de los nariñenses) en ocasiones ignora que el carnaval es un mega-evento escénico, una mise en scène [1] descomunal, llevada a cabo en un escenario que atraviesa toda la ciudad.

Corpocarnaval es una entidad privada que trabaja con recursos –en su mayoría públicos– para gerenciar una fiesta popular. Sus decisiones están principalmente relacionadas con asuntos presupuestales. Y esas decisiones no siempre han sido las mejores para el carnaval, es decir, no se han tomado desde una perspectiva estética, artística, festiva y popular. Mal que bien, la Junta de este año hizo frente a esta situación y no permitió, en el caso concreto de la Familia Castañeda, que algunos grupos (que antaño participaban por el sólo hecho de pertenecer a cierto sector político o ser amigos de algún funcionario) fueran parte del desfile. Eso, en la práctica, se traducía en recursos otorgados a comparsas que no enriquecían el carnaval, porque ni siquiera se preparaban para “desfilar”. Así mismo, los recursos para propuestas como las del Colectivo Teatral de Pasto, en el intento de “no unidireccionar el presupuesto, porque el Carnaval es popular”, se fueron reduciendo.

Para este año, Corpocarnaval entendió que el llamado al goce (que nace en la posibilidad de Jugar) es importante, y que es importante, además, transmitirlo a todas las comparsas que forman parte de la Familia Castañeda. Gracias a esto “interpretamos” un nuevo papel en carnavales. Los directores de las agrupaciones escénicas de la ciudad, miembros del Colectivo Teatral de Pasto, acompañamos a otras agrupaciones y fuimos testigos de incertidumbres, falencias y bondades de cada propuesta. Entre tanto, comprendí que algunos grupos no dimensionan las posibilidades escénicas que se tiene para profundizar el juego de sus comparsas, porque sencillamente no tienen esta preocupación escénica que otros tenemos (otros como actores, teatreros, zanqueros, danzantes), que nos atraviesa transversalmente el alma y el cuerpo, y que, desde luego, nos encanta tener.

(Cuando hablo de esta preocupación, me refiero a esa conciencia de que en Carnavales se hace una Puesta en Escena y se debe buscar los elementos para enriquecerla. De hecho, hay algo psíquico en este punto, que tiene que ver con las personas que se dedican a las Artes y su función sanadora en la sociedad. Lo primero que tuvimos que trabajar con nuestros grupos asignados fue la vergüenza. A muchos de los participantes les daba vergüenza hacer ejercicios que nosotros proponíamos, incluso los más sencillos. La vergüenza es una conducta social transmitida que regula el comportamiento de las personas. Pero también es un bloqueo. Por eso, en época de Carnaval se busca el estado de Embriaguez, para liberarse de la vergüenza y actuar, es decir, para hacer sin temer. La embriaguez está directamente relacionada con Dioniso, el dios del teatro. Y hay que recordar a Baudelaire y saber que no sólo el licor embriaga [2]).

Gracias a uno de los grupos que acompañé, cuyos miembros ya no residen en la ciudad de Pasto pero cada año se dan cita en la senda, entendí cómo el carnaval se convierte, para muchos, en un ritual de encuentro y unión, de fortalecimiento de lazos y cumplimiento de promesas. Y sentí que esto también es carnaval. Por eso, aunque no tuvieran una preocupación estética, las agrupaciones consideraron que vivir la senda desde dentro era importante, y asumieron, por esto mismo, la responsabilidad de no ingerir alcohol y culminar el desfile de manera digna.

II

Sucedió que muchos de los participantes sólo se aparecieron el día del desfile (no únicamente en las agrupaciones que acompañé; esta situación se presenta en la mayoría de comparsas), pero esto no me fatigaba: parte de la naturaleza del carnaval es surgir de la nada, espontáneamente. Hasta las mismas carrozas son terminadas en instantes previos al inicio del Desfile Magno. Lo mismo pasa con las obras de teatro antes de su estreno.

Más allá de las situaciones descritas, es indudable que el Carnaval ya nos está pidiendo otra cosa y no podemos limitarnos a una reunión de amigos, familiares o compañeros de trabajo. Al Carnaval también hay que escucharlo como el ser colectivo que es, que respira con los pulmones de todos y que cada año renace y crece, cada vez más fantástico y onírico. No por nada, el relativamente reciente desfile de colectivos coreográficos es ahora uno de los más apetecidos, y muchas personas, no todas pertenecientes al sector de artistas escénicos, asumen la responsabilidad de participar con disciplina, con trabajo, sin perder de vista que hacen parte de una celebración.

Me detengo entonces en mi preocupación: ¿cómo transmitir esta responsabilidad de jugar? ¿cómo hacer este llamado de manera honesta? ¿cómo lograr que nuestra participación no sea entendida como un mero requisito para llenar listas y culminar un trámite? Porque, mal acostumbrados, muchos de los grupos que acompañamos asumieron nuestra vinculación –la del Colectivo Teatral– como un requisito. Ya tenían claro su método de hace muchos años: reunirse previamente, mandar a confeccionar un vestuario alusivo a un tema y hacer el paso del son sureño al compás de la papayera. Todos los directores deseábamos encontrar propuestas escénicas más claras, de juego enriquecido, y personas que estuvieran interesadas en asumir el papel de jugadores-actores del carnaval, tal y como ellas mismas lo decidieron al participar (incluso sin importar que se hubieran sumado a la comparsa el mismo día del desfile).

Los –en promedio– cuatro días que tenemos para hacer el acompañamiento no son suficientes. A veces el compromiso de Jugar puede resultar difícil de transmitir, incluso cuando se ensaya durante más tiempo. Así es el Arte Escénico, se hace haciendo, su cátedra reside en la misma praxis y no en otra cosa. El marco teórico y la justificación se hacen evidentes en la misma acción. Pero, de cualquier manera, a veces hasta entendiendo mal nuestra labor, los grupos a los que brindamos nuestra asesoría se permitieron escucharnos y nosotros los escuchamos a ellos. Los resultados, en algo, mejoraron.

Falta mucho para descubrir la naturaleza del Juego y asumirla. Esta posibilidad concierne a quienes deciden participar de este mega-montaje maravilloso y colectivo, y a quienes, finalmente, deciden cuáles son los mecanismos de participación. El proyecto de cada comparsa no puede ser un mero requisito hecho de palabras que hacen alusión a la memoria de Pasto. Desde el proyecto se debe formular toda una propuesta escénica que aporte a la estética del carnaval. No se puede exigir buenos resultados si no se exige buenos proyectos. Esto tampoco implica que el proyecto sea una camisa de fuerza. Pero así como se llegó a decidir que los artesanos debían esforzarse por presentar maquetas de sus carrozas, así mismo se debe establecer parámetros para que el cuatro de enero deje de ser considerado un bache en la programación, o un día en el cual “no te pierdes nada si no sales a ver el desfile”. Antes, las maquetas de las carrozas no eran indispensables. Hoy, porque el mismo Carnaval lo exige, son un requisito mínimo, entendido y aceptado por todos, porque absolutamente todos queremos que cada año nuestro carnaval sea mucho mejor.

Como director de escena, aporté en la medida en que fue posible. Lo bueno es que carnaval no es otra cosa si no juego y, por ende, casi como un milagro, se contagia. Por fortuna, este año fueron pocos los que salieron desfilando como en una pasarela, y fuimos muchos los que estuvimos, incansablemente, “recochando”.

Andrés Cuervo
Director El Excéntrico Polígono de las Puntas Redondas – Laboratorio Escénico
Miembro del Colectivo Teatral de Pasto

[1] Puesta en escena.
[2] “De vino, de poesía o de virtud, lo que prefiráis. Pero embriagaos”.

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